Editorial

Prólogo: “Manifiesto de Servicio Público”.

Mi vida ha estado marcada por la política de manera indirecta. Mis padres siempre fueron muy precavidos en sentirse parte de una idea política, ya que vivieron la oscura época de dictadura militar en Chile, en la cual si eras partidario del bando contrario, te fusilaban sin temor a que existiese justicia, ya que por supuesto, no la había. Mis padres nunca fueron fanáticos extremistas de la política, de hecho Jaime, mi padre, siempre estuvo como “X” en las listas que hacían en su época de estudiante, no se sabía a ciencia cierta su preferencia, gracias a esto nunca tuvo que arrancar del país y por supuesto, está vivo.

Mi primer recuerdo relacionado a la política, fue el año 1988, específicamente cuando en Chile, se hizo un referéndum para determinar si seguía en el poder Augusto Pinochet, presidente de Chile el cual había tomado el poder por la fuerza el año 1973. Hasta ese entonces el presidente era el Comunista Salvador Allende. Chile por esos días era un país muy dividido. Allende fue el primer marxista elegido democráticamente, en todo el mundo. Esto fue gracias a su trabajo anterior como político. Fue un brillante político y más aún, un gran orador. Su elección sacó ronchas a mucha gente, desde Estados Unidos hasta Chile mismo. Mucha gente contraria a sus ideales marxistas, acaparaba la comida, para después culpar al propio gobierno. El odio y el apego a sus ideologías llevaron al que por entonces, era su gran amigo, Augusto Pinochet, a formar una junta de Gobierno y urdir un Golpe Militar que terminó con la vida de Allende.

Siguiendo con mis recuerdos, en aquella época, año 1988, la gente me decía en la Calle, “vote por el “NO” hijo y llegaremos a ser un gran país”, “vote por el “SI” hijo, y el país seguirá igual de bien”. Me parecía extraño que la gente le diga a un niño de 5 años que votara por un bando u otro, tuve que preguntar a mis padres si yo podía votar, recuerdo su sonrisa al decirme no hijo, esto es tema de grandes. Después entendí que la gente dice ese tipo de cosas porque desea influir en tus pensamientos y en como verás la política en los años posteriores. Su apego a la creencia; “mi bando político es mejor que el otro” es tan fuerte, que no tienen posibilidad de darse cuenta lo mal que están obrando. Estas creencias son tan arraigadas, que mucha gente a lo largo de la historia, ha dado su vida por razones políticas, sin saber que detrás de los políticos existe gente que los maneja a su antojo, a través del dinero. Muchas personas han perdido la posibilidad de vivir una excelente vida por el apego de otros al poder y por su propio apego a una creencia que los hace ser un instrumento de un sistema obsoleto, en vez de ser personas totalmente libres.

Recuerdos como este existen muchos a lo largo de mi vida. En mi época de colegio, tuve aireadas discusiones con mis compañeros, quienes tenían un pensamiento derechista muy arraigado, eran acérrimos seguidores de Augusto Pinochet, creían que había sido el salvador de este país. Lo que más llamaba mi atención, es que si no eras uno de ellos, eras comunista, se me trató como tal muchas veces, hasta el día de hoy, existe gente que te llama de esta manera, por no pensar como ellos. En esta época disfrutaba mucho las discusiones de política, tenía un pensamiento tan centrado en el tema, que cuando se hablaba de los puntos negativos que tiene el Comunismo, tenía las armas para dar a entender que están equivocados, lo mismo pasaba cuando una conversación mostraba los puntos negativos que tiene el capitalismo (neoliberalismo) en nuestra cultura, tenía las armas para encarar a esa persona y hacerle entender que está equivocado, más que mal, uno solo ve la paja en el ojo ajeno y el ser humano, cuando está cegado por sus creencias, solo el mismo puede salir de ese círculo vicioso, nadie en la tierra podrá hacerlo cambiar de opinión, a no ser que tenga una experiencia de tipo espiritual que le haga desechar todas esas creencias terrenales y vacías.

Experiencia política nunca he tenido, nunca me ofrecí para ser centro de alumnos, ni tampoco tuve las ganas de ser partícipe de organizaciones estudiantiles. Cuando entré a la universidad, solo quería estudiar y estar en fiestas. No quería otra cosa, solo pasar mis ramos a como dé lugar y en mis tiempos libres ir de fiesta como si no hubiese un mañana. Aunque haya sido como todos los jóvenes de mi época, siempre tuve la inquietud sobre cómo mejorar el sistema, sobre cómo hacerlo más justo.

Desde pequeño pensaba en mejorar las cosas. Mi cabeza siempre ha sido como una computadora limitada a mis pensamientos humanos, la cual busca mejorar los procesos que ve, que siente y que vive. Al tener esta particular forma de ver la vida, siempre veía lo mejor de cada uno, los Pro y Contras de cada sistema político, solo así pude tener un pensamiento al que podemos llamar de Centro. Claro que nunca me gustó esa palabra ni tampoco me sentí con pensamiento político de Centro, ya que en Chile, como en muchos países, los políticos que se declaran de centro, siempre terminan vendiéndose a uno de los bandos predominantes, con tal de estar en política y disfrutar de las jugosas ganancias que deja a los grupos políticos, manejar el estado.

Desde que tengo 8 años entendí que el problema de la política, son los políticos. Siempre supe que cuando los políticos estén de lado de quienes los eligen y no de quienes pagan sus millonarias campañas, podrán ser llamados justamente servidores públicos, pero hoy en día, vivimos en una sociedad tan individualista, que a muy pocos (por no decir nadie) les importa ser reconocido como un servidor público de verdad, la gente solo está interesada en juntar dinero, sea como sea, acaparar riqueza y gracias a esto, tener un buen pasar y estatus social. Nos olvidamos que somos seres humanos, de naturaleza empática, de naturaleza social, para convertirnos en robots de esta máquina llamada “El Sistema”, un sistema que nos aleja de nuestra condición de seres humanos. A medida que avanzó el tiempo, comprendí las vicisitudes del sistema, pero también siempre pensaba en como terminar con todo eso. Es fácil ver los errores en otros, pero no es fácil ver la solución, si estas cegado por el fanatismo y tu apego a una creencia en particular. Como nunca fui apegado a una tendencia política me es fácil ver una solución intermedia para cada problema que enfrenta la sociedad hoy en día.

En este libro quiero plasmar mis ideales más profundos, de como debiera funcionar un sistema de gobierno. Después de mucho tiempo, acuñé el término “Servidor Público”, no para hacer referencia a una persona que trabaja en el sector público, sino como una forma de honrar a una persona que realmente trabaja para el bien común.

En este “Manifiesto de Servicio Público”, pretendo dar una pincelada a una nueva forma de hacer política. En verdad quiero desmarcarme del término política, pero es inevitable, ya que hasta el día de hoy, ejercer política es ejercer servicio público, el problema es que la gente no ve la diferencia, no tan clara, como lo veo yo ahora.

Editorial Carta Abierta.